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by Por el Dr. Nial O’Boyle, director de producto de CattleEye y veterinario

Opinión de expertos: Reducir la huella de carbono de la industria láctea

“There are known knowns… there are known unknowns… but there are also unknown unknowns.”

Donald Rumsfeld

Esta famosa cita, que en un principio se refería a la inteligencia militar, puede servir para describir acertadamente el reto que supone reducir las emisiones de metano y carbono en la ganadería lechera.

Para hacer frente a las emisiones de gases de efecto invernadero de las vacas lecheras, hemos:

  • lo que sabemos que sabemos – estrategias probadas que sabemos que reducen las emisiones.

  • lo que sabemos que no sabemos – soluciones emergentes que se están explorando, pero de las que sabemos que aún desconocemos todas sus repercusiones.

  • incógnitas desconocidas – innovaciones que aún no están en nuestro radar y que podrían transformar aún más la sostenibilidad del sector lácteo.

Aspectos conocidos: prácticas probadas para reducir las emisiones

Al mantener a las vacas lecheras más sanas y productivas, estas prácticas reducen el desperdicio de recursos y las emisiones de metano. Hay tres ámbitos que destacan como «factores conocidos» en la reducción de emisiones:

Optimización de la salud y el estado físico de las vacas

Las vacas sanas producen leche de forma más eficiente, lo que se traduce en menos emisiones por litro de leche. Controlar el índice de condición corporal (ICC), asegurándose de que las vacas no estén ni demasiado delgadas ni con exceso de peso, es fundamental para la salud del rebaño. Prevenir las enfermedades metabólicas mediante una buena nutrición y el control de la condición corporal permite obtener más leche con los mismos insumos, reduciendo así la huella de carbono de cada litro producido.

Las vacas más sanas emiten menos metano por unidad de leche, ya que transforman el pienso en leche de forma más eficaz. Enfermedades comunes como la mastitis, los problemas reproductivos o la cojera reducen la eficiencia. Un estudio reciente cuantificó esto: cada caso de mastitis o cojera puede aumentar las emisiones de gases de efecto invernadero de una vaca por unidad de leche en aproximadamente un 7-8 %, y los problemas de fertilidad hasta en un 16 % (Džermeikaitė et al. 2024). Hasta ahora, ha sido extremadamente difícil realizar una evaluación del estado corporal (BCS) de forma objetiva y sistemática, pero la visión artificial de CattleEye permite generar datos útiles de forma objetiva y frecuente, lo que abre nuevas vías para gestionar de forma proactiva el estado corporal.

Aumentar la esperanza de vida

Quizás la mayor oportunidad «conocida» sea, sencillamente, permitir que las vacas tengan una vida más larga y productiva. Aumentar la longevidad de las vacas reduce drásticamente la huella de carbono por unidad de leche. Cuando una vaca permanece en el rebaño durante más lactancias, los gastos generales de la cría de una sustituta (y el periodo de crecimiento improductivo de una novilla) se reparten entre una mayor cantidad de leche. Por el contrario, una vaca que abandona el rebaño tras una sola lactación conlleva la carga climática de criar un ternero y una novilla que apenas han producido leche antes de su sacrificio.

Los estudios de modelización muestran que una vaca que completa 5 lactancias en lugar de 3 presenta unas emisiones de gases de efecto invernadero por kilogramo de leche hasta un 40 % menores a lo largo de su vida (von Soosten et al., 2020).

Detección y tratamiento tempranos de la cojera

La cojera en las vacas lecheras es un problema ampliamente reconocido que afecta al bienestar animal y a la productividad de las explotaciones, y también constituye un problema relacionado con el clima. Las vacas cojas producen menos leche y tienen más probabilidades de ser sacrificadas prematuramente, lo que merma la eficiencia de la producción lechera. Lamentablemente, aproximadamente una de cada tres vacas lecheras sufre cojera en un momento dado. Un estudio irlandés indicó que la cojera podría representar entre el 7 % y el 9 % del impacto medioambiental en las explotaciones (Chen et al. 2016).

La detección precoz y la intervención son fundamentales para el tratamiento de la cojera. Tradicionalmente, los ganaderos se basan en la evaluación visual de la locomoción, pero este método puede requerir mucho trabajo y resultar poco fiable. Los innovadores sistemas de IA (como CattleEye) pueden supervisar automáticamente la marcha de las vacas a diario. CattleEye ha sido validado académicamente, logrando puntuaciones de movilidad muy consistentes con las de los veterinarios expertos (Siachos et al., 2025). Esta detección precoz permite aplicar el EDPET (detección precoz y tratamiento eficaz inmediato), una piedra angular del manejo de la cojera.

Lo conocido y lo desconocido: soluciones prometedoras, pero inciertas

Más allá de las prácticas ya bien conocidas mencionadas anteriormente, la industria láctea está probando una serie de nuevos enfoques para reducir las emisiones de metano. Se trata de los «desconocidos conocidos»: sabemos que estas ideas podrían ser útiles, pero aún estamos averiguando cuál es su eficacia real, qué ventajas e inconvenientes conllevan y cómo aplicarlas de forma práctica a gran escala.

Los aditivos ruminales son un ejemplo paradigmático. En los últimos años, los científicos han probado suplementos alimenticios capaces de inhibir los microorganismos productores de metano presentes en el rumen de las vacas (los microorganismos fermentadores del intestino denominados metanógenos). Las previsiones sobre la reducción de metano son muy prometedoras, y estos aditivos suelen presentarse como un «punto de inflexión» en la lucha contra el cambio climático en el sector ganadero.

Sin embargo, la incertidumbre en la práctica real en torno a estas intervenciones es considerable. Una cosa es evaluar un nuevo aditivo en un ensayo controlado y otra muy distinta es administrarlo de forma fiable a millones de vacas en explotaciones diversas sin que se produzcan consecuencias no deseadas. Quedan preguntas sin respuesta sobre la eficacia a largo plazo (¿se adaptarán los metanógenos o la reducción de metano se irá atenuando con el tiempo?), la salud y la productividad de los animales (algunos ensayos observaron ligeros cambios en el consumo de pienso o el aumento de peso cuando se suprimía el metano) y la viabilidad económica (¿quién pagará estos suplementos y se amortizan por sí mismos gracias a la mejora de la eficiencia?). Las autorizaciones reglamentarias también suponen un obstáculo, y algunas pueden enfrentarse a retos relacionados con la seguridad de los piensos y la cadena de suministro. Los primeros indicios apuntan a que estas herramientas pueden formar parte de la solución, pero deben complementar, y no sustituir, las prácticas básicas de gestión del rebaño que ya se sabe que reducen las emisiones.

Otros enfoques basados en lo «desconocido conocido» incluyen la selección genética y las vacunas contra los microbios productores de metano. Hay pruebas de que las emisiones de metano tienen un componente hereditario, lo que significa que podríamos criar vacas que emitan menos de forma natural. ¿Cómo afectará la selección para reducir el metano a otros rasgos como la productividad o el consumo de pienso? ¿Reducirá significativamente las emisiones absolutas o solo las emisiones por unidad de leche? Se trata de incógnitas que deberán resolverse mediante más datos a lo largo de sucesivas generaciones de vacas.

Es importante que el sector invierta en estas innovaciones (a través de I+D, ensayos y programas piloto) para que podamos convertir más de estas incógnitas en «hechos conocidos». Al mismo tiempo, debemos reconocer sus limitaciones actuales y no depender en exceso de una solución milagrosa que podría no materializarse como se espera.

Lo desconocido: innovaciones futuras en el horizonte

Por último, reconocemos que probablemente existan «incógnitas desconocidas» en el esfuerzo por reducir las emisiones de metano y la huella de carbono del sector lácteo; es decir, soluciones o ideas revolucionarias que aún no se han concebido ni probado.

Los científicos podrían descubrir formas totalmente nuevas de modificar el ecosistema microbiano del rumen de la vaca para producir mucho menos metano, o nuevos piensos o forrajes que, por su propia naturaleza, generen menos metano durante la fermentación. También es posible que avances ajenos a la vaca, como la captura de carbono de los gases de escape de los establos, reduzcan aún más la huella de la ganadería lechera. Es necesario estar preparados para poner a prueba y ampliar los próximos descubrimientos.

Sin embargo, es importante equilibrar esta visión de futuro con lo que podemos hacer ahora. Lo desconocido nos entusiasma, pero no podemos quedarnos esperando milagros desconocidos. El desafío climático ya está aquí, y por eso es tan importante dar prioridad hoy mismo a las estrategias «conocidas».

Céntrate en lo que funciona, sin dejar de explorar otras posibilidades

En resumen, reducir las emisiones de metano y carbono de las vacas lecheras requerirá tanto la aplicación de prácticas probadas como la exploración de nuevas tecnologías. Los «conocidos conocidos» son nuestros objetivos más fáciles de alcanzar; estrategias como CattleEye, que mejoran nuestra capacidad para optimizar los «conocidos conocidos», están listas para implementarse ahora mismo, con beneficios bien documentados en materia de productividad y emisiones.

Al mismo tiempo, no debemos pasar por alto las «incógnitas conocidas». Herramientas prometedoras como los inhibidores de metano y los aditivos alimentarios, así como la selección genética para reducir las emisiones, merecen una inversión y unos ensayos continuados.

Al basar nuestro enfoque en el trío de Rumsfeld —abordar lo que sabemos que sabemos, investigar lo que sabemos que no sabemos y permanecer atentos a lo que no sabemos que no sabemos—, nos aseguramos de poder lograr avances reales hoy, al tiempo que exploramos innovaciones para obtener mayores beneficios en el futuro.

Descubre cómo CattleEye puede ayudarte a reducir la huella de carbono de tu granja. Ponte en contacto con nosotros a través de contact@cattleeye.com

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